JORNADA PRESENTACIÓ DE RECURSOS PER A LA INCLUSIÓ

30 d’octubre, Palau de les Arts, València

Aforament limitat a la capacitat de la sala.

Cal inscripció prèiia (del 18 al 29 d’octubre):
http://www.ceice.gva.es/web/ordenacion-centros/jornades-i-esdeveniments

http://www.ceice.gva.es/documents/162640733/166638106/Programa_+jornada_20181030_guia.pdf/63cb6805-3f80-49e4-84ea-1acc90fbc285

Boletín de Aula Intercultural octubre 2018 Especial Emociones: compartir procesos de aprendizaje dirigidos no solo al SABER (Destrezas y habilidades intelectuales) sino también al SENTIR (destrezas y habilidades emocionales)

[…] Los posibles cambios en la educación solo serán posibles si comenzamos por ayudar al profesorado a experimentar ese cambio en sí mismos. No se trata de decir cómo hacer, sino de generar reflexión y análisis personal sobre nuestras creencias y procesos, y a partir de aquí compartir procesos de aprendizaje dirigidos no solo al SABER (Destrezas y habilidades intelectuales) sino también al SENTIR (destrezas y habilidades emocionales). […]

La realidad está siendo suficiente dura e incierta como para que nuestros niños, niñas y jóvenes no tengan herramientas para enfrentarla. Toda la ciudadanía y también los menores estamos inundados por mensajes y pensamientos simplistas, dirigidos al consumo que tienen por objetivo generar sujetos acríticos, con un pensamiento único y,
en consecuencia, sumisos con todo. […]

Nuestro sistema educativo, salvo excepciones, la transmisión del conocimiento se sigue concibiendo, en nuestro actual sistema educativo como la transferencia de información del educador al educando, por materias y contenidos independientes o separados, utilizando como herramientas la memorización de conceptos y la utilización de un único libro de texto por cada materia.  […]

El pensamiento crítico en educación es heredero de la llamada Escuela Activa o Nueva que tiene entre sus promotores a John Dewey, quien concebía al alumnado como un sujeto activo, y señalaba que la tarea principal del docente era generar entornos estimulantes para desarrollar y orientar esta capacidad de actuar.  Algunas de las estrategias y acciones que ayudan a desarrollar el pensamiento crítico son: transferir la responsabilidad sobre el aprendizaje del docente al alumnado (el profesorado es modelo, facilitador y entrenador del proceso); utilizar el método socrático para hacer preguntas y para ayudar a la reflexión; estimular el conocimiento invitando y motivando a proponer hipótesis para luego comprobarlas; facilitar la participación de todos no solo de los más seguros o participativos; fomentar la escucha atenta y activa; fomentar los debates respetuosos y argumentados  … Necesitamos contar con un profesorado que hagan pensar en su disciplina en relación con las demás materias, que den libertad para cometer errores, para tratar nuevos enfoques o explicaciones de un fenómeno, porque sólo teniendo libertad para reestructurar ideas y para analizar experiencias alternativas aprenderán los y las estudiantes a explorar los diversos contextos y a determinar por ellos mismos el significado de las informaciones nuevas. […]

¿Y cómo ayudamos en el aula a desarrollar la empatía? Existen distintas herramientas que nos van a facilitar la tarea, nombramos algunas como: Aprender a observar, para entender hay que conocer, por ello desarrollar actividades en el aula que nos permitan el conocimiento mutuo: aficiones, expectativas, procedencia, cultura, etc. y poner en valor nuestra propia capacidad para observar, no solo comportamientos sino también emociones (sus caras, sus posturas, su forma de llegar al aula, la relación con los compañeros dentro y fuera del aula…); cuidando nuestro lenguaje corporal y tratando de eliminar la barrera invisible pero muy real que suele producirse entre alumnado y educadores (la mirada, la voz, la postura… ); fomentando un ambiente de respeto y cordialidad, tratando siempre desde la amabilidad y buen trato, contribuyendo a crear un ambiente de alegría y acogida; ofreciendo tiempo al alumnado (haciendo pausas en las explicaciones para que los alumnos tengan tiempo de asimilar, o puedan realizar comentarios) y reclamando nuestro tiempo para hablar y explicar; ofreciendo según das oportunidades, comprender es entender los actos y sentimientos de los demás, sin juicios ni condenas, la equivocación es posible y el conflicto necesario para evolucionar; trabajando de forma específica la empatía con el alumnado, con los más pequeños con acciones que ayuden a reconocer y comprender estados emocionales en uno mismo y a medida que los alumnos avanzan en su desarrollo madurativo, pueden emplearse técnicas proyectivas y juegos de roles que darán lugar a situaciones en las que podrán identificarse con distintos estados emocionales; y por último, potenciando el trabajo en grupo, como medio para dar protagonismo al alumnado como formador ante los demás lo que ayudará a asumir responsabilidad, crear lazos y relaciones de apoyo y confianza.  […]

El objetivo principal de la educación es formar personas capaces de hacer cosas nuevas, que no repitan simplemente lo que otras generaciones han hecho… El segundo objetivo de la educación es formar mentes capaces de ejercer la crítica, que puedan comprobar por sí mismas lo que se les presenta y no aceptarlo simplemente sin más.”

Boletín de Aula Intercultural octubre 2018 Especial Emociones

  • DESTACAR El artículo ¿ Cómo es una escuela emocionalmente inteligente?  Página 7.

https://aulaintercultural.org/?ddownload=79890

«Cuadernos Hexágono»: “Alfabeto del libro de conocimientos. Paradigmas de una nueva era”

Para todos aquellos que se relacionan con la educación lectora y la literatura infantil y juvenil, «Cuadernos Hexágono» acaba de salir con dos nuevos títulos: “Alfabeto del libro de conocimientos. Paradigmas de una nueva era” (Ana G. Lartitegui) y “Nostalgia del vacío. La lectura como espacio de pertenencia en los adolescentes” (Freddy Gonçalves). Como es habitual, previamente a su edición definitiva lo estudios han sido debatidos en los encuentros del Círculo Hexágono. https://lnkd.in/dyhUTX8

http://www.pantalia.es/quienes-somos.php

Diez mujeres clave de la historia de la filosofía (que tal vez no conozcas)

“Las mujeres tenemos todavía mucho que pensar y dar que pensar para salir del lugar de lo no-pensado”, dice Celia Amorós. Ella y otras nueve hicieron historia, aunque algunos libros las hayan olvidado. 

¿Quién escribió la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana? ¿Cómo se plantó cara al mismísmo Rousseau y a su misoginia manifiesta? ¿De qué mujer dijo Freud que tenía una “peligrosa inteligencia”? Si no se habla de ellas, no existen. Solo salen en las conversaciones o en los libros de historia en el caso de que sean esposas de un hombre de reconocido prestigio o si algún erudito o artista las utiliza de musas para pergeñar su obra creativa. “La historia se escribe dando prioridad al hombre”, lanza la escritora Laura Freixas. Pero sin ellas, el relato queda incompleto. Aquí diez nombres, que podrían ser muchos más, de algunas mujeres imprescindibles para entender el pensamiento filosófico que ha llegado hasta hoy.

Hiparquía (360-280 a. C)

Trescientos años antes de que naciera Cristo, una tal Hiparquía de Maronea militaba en la peculiar escuela cínica fundada por el griego Antístenes, donde también encontró una forma de vida el famoso Diógenes. Los cínicos despreciaban las riquezas y preocupaciones materiales porque consideraban que las personas que menos necesitan son las más felices, y las más libres. Luego Diógenes, por ser uno de los más extremos en esto de privarse de las necesidades materiales y culpabilizarlas de la infelicidad humana, dio nombre a un conocido síndrome por el cual acumulas enseres innecesarios que no te cabrán en la tumba.

La presencia de Hiparquía en los círculos filosóficos de la Grecia clásica no gustaba, aunque ella ni se inmutaba
Hiparquía supo despojarse de todo. Menos de la paciencia. Tuvo que aguantar mofas de gente como Teodoro el Ateo, que le reprochaba por qué no se dedicaba a las tareas domésticas que le habían sido encomendadas por tener los genitales que tenía. Ella, como respuesta, le retaba: “¿Crees que he hecho mal en consagrar al estudio el tiempo que, por mi sexo, debería haber perdido como tejedora?”. Teodoro, como no supo qué responder, optó por quitarle el vestido.

Cuentan que Hiparquía ni se inmutó. Así se fue ganando una más que merecida fama de libertina y feminista, además de la de filósofa, puesto que fue autora de tres libros y conseguía colarse en las reuniones y banquetes que organizaban los filósofos coetáneos del siglo IV, aunque más de uno no viera con buenos ojos su presencia. Cuando murió, sus colegas cínicos hicieron una fiesta en su honor, en el pórtico dorado de Atenas, y declararon ese día el Kynogamia, o día de la incorporación de la mujer al mundo la filosofía cínica.

Olympe de Gouges (1748- 1793)

Hubo muchas más en la época clásica. Aspasia de Mileto, la sacerdotisa Diotima de Mantinea o Hipatia, que tiene hasta una película. Mil y pico años después, seguía en tablas la lucha contra la invisibilidad forzada a la que fue sometida la mitad de la población. Un ocultamiento salvaje tras las cortinas y los fuegos del hogar auspiciado por las sagradas escrituras del primer libro de la biblia, en el que una tal Eva llevó por el mal camino al primer hombre que habitó la tierra. Ella tuvo la culpa de que la humanidad, hoy en día, no habite el ansiado paraíso terrenal.

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Olympe de Gouges

En muchos libros de historia se “olvidan” de contar, por ejemplo, que la declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789 solo hablaba justamente de eso, del hombre y del ciudadano. A ninguno -varones todos, claro- se le ocurrió pensar que las mujeres fueran dignas de ser reconocidas con ese elevado estatus, cuando su papel era la subordinación. Al padre, al marido, al hombre que más cerca les pillara. Pero que no aparezca en la historia que cuentan no quiere decir que no existan. Y sí, menos mal que llegó Olympe de Gouges, pseudónimo de Marie Gouze, dos años después, a incluir a la mitad olvidada de la población en la declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana.

“Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta”. Así empezaba este documento fundamental de la Revolución Francesa que redactó De Gouges. Un texto que, unido a su simpatía por los Girondinos, la auparía a la guillotina. Ella, en vida, luchó contra el racismo, la esclavitud, por la instauración del divorcio y contra la perpetuación en la historia del androcentrismo en el que se ha basado la historia del pensamiento occidental, según la cual al varón se le ha identificado desde siempre con el ser humano neutral, y viceversa.

Para algunas filósofas contemporáneas como la profesora Ana de Miguel, aunque el androcentrismo no habla de la inferioridad femenina, sí contribuye a invisibilizar y excluir a las mujeres. Decía Olympe de Gouges, con sorna, que el derecho penal era el único punto igualitario en aquella época: la guillotina no discriminaba por razón de sexo.

Sophie de Grouchy (1764-1822)

Una que tuvo más suerte fue Sophie de Grouchy, una intelectual del siglo XVIII que asistía a escondidas a las clases que recibía su hermano pequeño. Así aprendió a hablar varias lenguas y publicó traducciones de obras de Adam Smith, además de textos propios. Gracias a su matrimonio con Nicolas de Condorcet, veinte años mayor que ella, organizó tertulias filosóficas que reunieron a los grandes eruditos de la época, desde D’Alembert al propio Adam Smith, a Thomas Jefferson o incluso a la misma Olympe de Gouges.

Concha Roldán: “Como tenían vedado el acceso a la vida pública, llevaban la vida pública a su casa y organizaban charlas en sus salones”

“Como tenían vedado el acceso a la vida pública, llevaban la vida pública a su casa y organizaban charlas en sus salones”, explicaConcha Roldán, directora del institut de Filosofía del CSIC. Cuentan que al calor de esas conversaciones se forjó el movimiento girondino, en el que militaba Olympe de Gouges, y que se correspondería con una de las primeras tesis revolucionarias preocupadas por incluir en la lucha los derechos de las mujeres.

Harriet Taylor Mill (1807-1858)

Junto al marqués de Condorcet, John Stuart Mill fue “de los pocos varones de su época sensibles a la lucha de las mujeres”, recoge Roldán. Esa sensibilidad feminista les llega gracias a las mujeres con las que se casaron. A Sophie de Grouchy, convertida en Sophie de Condorcet cuando apenas tenía 22 años, le benefició en muchos aspectos su matrimonio con el marqués. Algo similar le pasó a Harriet Taylor Mill, una filósofa inglesa que tuvo algo inaudito en la época junto al afamado economista John Stuart Mill: un matrimono entre iguales, en una época en la que casarse suponía a la mujer una nueva forma de esclavitud y sometimiento. “La mujer era lo pactado en el contrato del matrimonio”, sostiene Roldán.

Harriet Taylor-Mill

Harriet Taylor-Mill

Entre los libros publicados por Harriet destaca La emancipación de las mujeres, además de varios artículos que escribió junto a su marido y que fueron publicados en prensa bajo el nombre de él. Como subraya Ana de Miguel, el libro más famoso de Stuart-Mill, El sometimiento de las mujeres, no podría haberse escrito sin la influencia de su mujer, quien le contagió sus ideas revolucionarias y su pelea por la igualdad real entre el hombre y mujer en la educación o en el matrimonio. Incluso ante la ley, ya que John se atrevió a lanzar consignas feministas -ante las mofas de sus similares- desde el asiento de la Cámara de los Comunes que ocupaba. 

Mary Wollstonecraft (1759-1797)

Apenas tenía 38 años cuando murió Mary Wollstonecraft. Fruto de su matrimonio con el filósofo William Godwin, uno de los precursores del movimiento anarquista, nació otra gran mujer: Mary Shelley, autora de Frankenstein. De alguna forma, la filósofa y escritora inglesa reactualizó la brecha abierta por Olympe de Gouges y escribió Vindicación de los derechos de la mujer en 1792 para desacreditar la extendida creencia de la época -de las que algunos todavía osan hacer gala– de que las mujeres eran, por naturaleza, inferiores a los hombres. Promovió una educación igualitaria para ambos sexos y plantó cara al mismísimo Rousseau, conocido por predicar en su obra Emilio -considerada cumbre de la educación- que a las mujeres solo se las debía enseñar a “hacerles grata y suave la vida [a los hombres]”. Esa era, según el creador del contrato social, la misión de las mujeres en la vida.

Wollstonecraft usa los mismos argumentos de los pensadores del momento, basados en la racionalidad, para reivindicar que las esposas deberían ser las compañeras racionales de sus maridos. Y les echa en cara que si las mujeres son estúpidas y superficiales se debe precisamente a lo que se les ha enseñado y no a una especie de deficiencia innata ligada al aparato reproductor femenino.

Alexandra Kollontai (1872-1952)

“Aquí hablamos también del privilegio de clase porque solo las mujeres acomodadas podían tener acceso a la filosofía y a los estudios”, recuerda Concha Roldán. Con el acceso a la educación vetado, tuvieron que buscarse la vida para formarse, bien acudiendo a los tutores que aleccionaban a sus hermanos -como hizo Sophie de Grouchy- o explorando por ellas mismas las bibliotecas de sus maridos. Es lo que Roldán llama “el saber robado” en esa generación primigenia de mujeres que luchaban por el feminismo antes de que se inventara el concepto.

Alexandra Kollontai.

Alexandra Kollontai.

Con mujeres como la rusa Alexandra Kollontai, las trabajadoras de las fábricas entraron en la lucha feminista. “El propio Marx tiene origen burgés”, recuerda Roldán. Kollontai era hija de un militar ruso y tuvo que pelearse con su madre para poder conseguir un instructor que le ayudara con su formación.

Se ganó a pulso la fama de mujer moderna por tratar sin tapujos la liberación sexual femenina en dos de sus obras: La Nueva Mujer y El Amor en la Sociedad Comunista. Esa “mujer nueva” nunca más debería ser un complemento de su esposo ni una propiedad más asignada por obra y gracia del santo matrimonio.  Kollontai también habló del placer carnal de las mujeres en el ámbito de las relaciones sexuales y sacó los colores al género masculino al que acusó de no tener ni idea del universo de la sexualidad femenina. También se opuso con firmeza a la prostitución por considerarlo una explotación de clase y también de género.

Flora Tristán (1803-1844)

Una de las grandes fundadoras del feminismo moderno fue primero una mujer maltratada por su marido. Flora Tristan, viajera por necesidad -tuvo que huir de los malos tratos del hombre con el que se casó y tuvo tres hijos-, fue la creadora de la consigna Proletarios del mundo, uníos, y luchó por feminizar la izquierda. Quiso dejar claro al movimiento obrero que la emancipación de los trabajadores debía ir unida a la emancipación de la mujer de forma indisoluble. Fue la primera vez que una mujer habló de socialismo y de la lucha proletaria (y se la escuchó).

Flora Tristan

Flora Tristan

Aunque Flora nació en una familia acomodada, la repentina muerte de su padre le obligó a ponerse a trabajar muy joven en un taller de litografia. Con 17 años se casó con el dueño de la fábrica por una cuestión de supervivencia, decisión que marcaría su vida. Le costó doce años de lucha y un intento de asesinato por parte  de su marido hacerse con la custodia de sus hijos. Una de sus hijas, Aline, será la futura madre del pintor Paul Gaugin.

Flora no dudó en disfrazarse de hombre para entrar en la cámara de los lores y protestar ante el ninguneo del poder hacia la voluntad obrera, una clase donde siempre militó y a la que observó y acompañó en sus múltiples viajes, entre países y también entre las distintas corrientes de las feministas precursoras a sus años.

Con ella nació el feminismo marxista aunque tuvo que parirlo a golpes contra la eterna minoría de edad en la que vivía la mujer en la época de Napoleón. Arequipa, Londres, París… sus libros de viajes radiografían a los parias de cada ciudad: “Todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del ser mujer”. 

Lou Andreas-Salomé (1861-1937)

Lou Andreas-Salomé

Lou Andreas-Salomé

Un desafío para la época. Así describen a la escritora rusa Lou Andreas-Salomé, una de las primeras mujeres que entró en la universidad de Zurich, en Suiza. Fue admirada por Nietzsche, Paul Rée y Rilke. Freud dijo de ella que era una mujer “de peligrosa inteligencia”. Precisamente, desde que conoció en 1911 al fundador del psicoanálisis, se interesó por esta rama de la psicología y consiguió ser una de las pocas aceptadas en el círculo psicoanalítico de Viena.

Freud, conocido por asociar la realización del concepto de la feminidad con el matrimonio  dijo de ella que “con asombro, todas las debilidades femeninas y quizá la mayoría de las debilidades humanas le eran ajenas, o las había vencido en el curso de su vida”. La Gestapo esperó a su muerte para quemar la biblioteca de una mujer liberada que fascinó por sus textos sobre erotismo anal publicados en 1916.

Kate Millet (1934)

Kate Millet

Kate Millet

Cuando se habla de feminismo radical se piensa en la norteamericana Kate Millet, que escribe libros, dirige películas y hace esculturas, tareas que compagina con el activismo feminista. “Sean cuales sean las diferencias sexuales reales, no las conoceremos hasta que ambos sexos sean tratados con paridad”, escribió en Política sexual, su obra cumbre.

Además, Millet plantó cara a intocables intelectuales de nuestros libros de historia como el propio Freud, a quien afeó que tratara de convencernos “de que la mujer es incapaz de superar el bajo nivel cultural que le ha asignado la naturaleza”. De Lolita, la novela de Nabokov, dijo que era “un canto al rapto, a la violación y a la coacción física, además de un análisis de la terrible pasión de un alma perdidamente enamorada que ha seguido al pie de la letra el mito patriarcal de la esposa-niña”.

Celia Amorós (1944)

Celia Amorós

La madre del llamado “feminismo de la igualdad” y maestra de todas las que vendrán después, incluida la propia Concha Roldán: Ana de Miguel, Amelia Valcárcel, Rosa Cobo, Alicia H. Puleo, Adela Cortina… Celia Amorós puso el foco de la perspectiva de género en el estudio de la filosofía y evidenció los sesgos androcéntricos que hacían invisibles a la mitad de la sociedad.

Amorós lanza el rugido de la mirada feminista sobre el universo simbólico de Sören Kierkegaard y su reelaboración de la misoginia romántica o también sobre Salomón, que quizá no fuera tan sabio como nos contaron. De hecho, su herencia, todavía vigente en nuestros días, se basa en esos pactos masculinos que otorgan la carne a la mujer y el logos al hombre. Quien parte y reparte, ya se sabe. Y ante esto, ¿qué? “Las mujeres tenemos todavía mucho que pensar y dar que pensar para salir del lugar de lo no-pensado”, dispara Amorós.

El día que perdimos el sentido común en la educación

Estamos ignorando la sensibilidad compartida de que una cosa es cómo es y no cómo uno quisiera que fuera, esa capacidad de captar los matices de la realidad

El “sentido común” es, como indican sus palabras, el “sentir” “común a todos”. Antes, era común, por ejemplo, que un peatón llamara la atención a un joven por lanzar una pelota a los cristales de un local. Porque el “sentir” común nos decía que eso era inaceptable. A nadie se le ocurriría decirle al peatón de “meterse en sus asuntos”. La necesidad de una corrección era un “sentir” compartido por todos. “Se lo diré a tus padres”, decía, convencido de que los padres compartían ese “sentir”, de que no se pueden tirar pelotas a los cristales de un local. Era algo que no había que argumentar, ni al niño ni a los padres. No había que dar explicaciones, porque era evidente de por sí. Era de “sentido común”.

Quizás el sentido común dejó de serlo, precisamente cuando ese “sentir” dejó de ser “común”. Cuando dejó de ser evidente que atentar contra la propiedad ajena y al respeto por las normas de urbanidad era algo reprobable. Ese día, fue el día en que los peatones dejaron de llamar la atención a los niños que tiraban pelotas a los cristales de un local. Quizás por miedo a que los otros peatones los miraran mal por su exceso de afán, por su tendencia al conflicto, o por miedo a que los padres del chaval les dijeran que se “metan en sus asuntos” o ante la probabilidad de que los chavales les tiren pelotas a la cara, ante la mirada pasiva de otros peatones. Entonces fue cuando cada peatón que pasaba por allí tomó la decisión de hacer la vista gorda, viéndolo, pero sin mirar.

No, no matamos al sentido común, ni lo perdimos. Muchos de nosotros seguimos “sintiendo” que las cosas son como son. Pero ese “sentir” ya no es compartido, por lo que habrá que dejar de llamarlo “común” porque ya no lo es. El sentido común dejó de serlo cuando un parque de bolas se convirtió en un campo de batalla campal entre madres, acabando con seis heridos. El sentido común dejó de serlo cuando regalar (o, mejor dicho, ser incapaz de negarle) un iPhone 10 a un niño de 10 años se convirtió en algo normal y corriente, y cuando pasó a ser algo excepcional que sus padres le regalaran su atención incondicional. Y el sentido común dejó de serlo cuando los padres dejaron que sus hijos de 10 años viesen películas para mayores de 18 años, pero los sobreprotegieron como si tuviesen tres.

El sentido común es la sensibilidad compartida de que una cosa es cómo es y no cómo uno quisiera que fuera, no es otra cosa que la capacidad de captar los matices de la realidad. Necesitamos sensibilidad para poder tener un entendimiento correcto de la realidad: percibirla, para luego interpretarla correctamente. Esa sensibilidad es una piel fina que nos permite percibir lo que se ajusta o no a lo que reclama la naturaleza del niño, del joven. Para distinguir entre lo que pide él y lo que reclama su naturaleza, que no siempre es lo mismo.

Ahora bien, ¿cuál es el principal problema con el que nos encontramos en el ámbito educativo respecto a la sensibilidad? Pues que solo los educadores sensibles entienden el sentido y la importancia que tiene esa sensibilidad, porque ellos mismos la tienen. El drama de la educación hoy en día, es que los educadores que carecen de esa sensibilidad, difícilmente entenderán su importancia, precisamente porque carecen de las cualidades que les permiten ver su relevancia. El problema más grave no es el problema en sí, sino la negación del problema, o de su gravedad: “No es para tanto”. Esa es, de hecho, la esencia de la frivolidad y del cinismo. El insensible, como no ve más allá de sus narices, no concibe que otros tengan sensibilidad, hasta a veces quisiera que otros no la tengan. Y por eso, la manifestación de la sensibilidad le irrita, porque la encuentra ridícula y exagerada. De hecho, si un insensible por casualidad acabara leyendo este artículo, lo calificará cínicamente de sensiblería descomunal y abstracta.

El principal problema del “sentido común” hoy en día, no es que se haya perdido, sino que ha dejado de ser “común”. ¿Qué pasa cuando necesitamos de los demás para caer en la cuenta de que algo es, o no es, acertado? ¿Qué pasa cuando ese “sentir” debe tomar raíz en la mayoría para considerarse “común”? ¿Qué pasa cuando esa mayoría deja de tener sensibilidad?

Entonces dejamos de pensar por nosotros mismos y el sentido común se convierte en el mejor enemigo del sentido propio.

Por eso, ante este panorama un tanto desolador, los padres no podemos dejarnos mandar por las estadísticas, por las opiniones ajenas, o por la dictadura de las modas. Las estadísticas las hacemos nosotros, y no ellas a nosotros. Hemos de ayudar a nuestros hijos a entender que lo de que “todo el mundo lo tiene o lo hace”, nunca puede ser un criterio. Hemos de ayudarles a tener un sentido propio y a no perderse en el “sin sentido común”.

En definitiva, la sensibilidad es un faro que nos ayuda a los padres a la hora de educar, que ilumina nuestras decisiones educativas. Es aquello que nos permite no solo ver, sino mirar. María Montessori decía, que “la torpeza en los sentidos lleva a la incapacidad de juzgar por uno mismo”. ¿Y qué hay, entonces, del sentido común?

Pues mientras el “sentir” de lo que conviene o no para un niño deje de ser común, y mientras el “común” de los mortales prefiera “ver sin mirar”, quizás ha llegado el momento en que conviene más que nunca conservar o recuperar nuestro “sentido propio”.

Catherine L’Ecuyer es autora de Educar en el asombro y de Educar en la realidad. Su blog: www.catherinelecuyer.com

AMPA Pare Jofré dóna un reproductor al CEIP Pare Jofré.

Atés que el projector de l’aula de 4è primària no estava funcionant adequadament des de fa temps, s’ha procedit, a realitzar una inversió en un nou reproductor per a que les classes de les nostres filles i fills puguen realitzar-se amb els recursos suficients.

Concretament es va adquirir un RICOH PJX4241N amb suport de paret universal.

Aquest projector ve equipat amb una lent de gran angular que permet convertir-la en una gran pantalla quan es projecta des de prop. En utilitzar aquesta tècnica, es requereix menys espai i s’eviten ombres en la projecció, la qual cosa ho fa molt útil als espais formatius, on professorat i alumnat estan molt prop de la projecció.

El X4241 disposa de HDMI, VGA, connexió de xarxa LAN, i Wifi opcional. I projecta vídeos des d’una memòria USB sense necessitat d’ordinador, una funcionalitat que no tots els projectors disposen.

Una altra funcionalitat remarcable és que ens permet programar el seu encés i apagat especificant hores i dies de la setmana.

 

ACOGUATE

La Coordinación de Acompañamiento Internacional en Guatemala

CEIP Pare Jofré, El Puig

Vos convidem i animem a participar activament!

AMPA PARE JOFRÉ

Vos convidem i animem a participar activament!